sábado, 28 de mayo de 2011

Cada cual hace el trabajo como sabe y como puede. Por eso, los ladrones alargan el brazo y echan mano a la cartera, los estafadores dilapidan lo ajeno para enriquecerse, los especuladores se aprovechan de los ingenuos y pardillos para pegar el pelotazo económico, las grandes fortunas hacen un poquito de todo mientras acomodan sus posaderas en grandes despachos de rascacielos o en tronos y butacones. Entre tanto, el poder político llena sus bolsillos en sucios despachos, donde redes de telarañas y cucarachas custodian las vergüenzas en estantes y cajafuetes y esconden la mugre bajo la alfombra, a fin de hacer el trabajo sucio a los anteriores y a sí mismos.
Por eso no me extraña nada que envíen a esbirros armados a limpiar las plazas de ciudadan@s honrad@s, de las protestas más lícitas y de las reclamaciones contra ellos: contra los corruptos. La exigencia de un cambio hacia la democracia se paga con violencia, pero eso ya lo sabíamos, porque hemos visto que en cualquier país ha ocurrido así. Lo que ocurre es que, como en los ’70 cejamos en la exigencia de libertad, dejó de haber violencia contra el pueblo y hemos ido viendo cómo el menor disimulo desaparecía de los descarados hegemonistas de nuestro país.
Y no sólo me refiero al derecho básico de manifestación, coartado por unas leyes que bajo la excusa de regular quieren, pretenden, a veces consiguen, imponerse al derecho democrático recogido en nuestra carta magna, como vemos estos días. Es que ocurre en todo: los derechos laborales no es que se hayan visto mermados: es que apenas hay, y en pocas semanas legislarán para eliminar el resto. Quedará el derecho a un trabajo (que no digno), junto con otros derechos que, no siendo fundamentales por la vía ejecutiva de legislar en su contra por encima de la Constitución, pero que no serán garantes de nada, salvo de las obligaciones de la ciudadanía para con los gobernantes y grandes empresarios.
Porque, me pregunto, cuando un derecho deja de serlo a cuento de la escasez ¿cómo podía ser un derecho fundamental? Dicho de otra forma: si el derecho a la vida se convierte en algo casual, dependiendo del dinero que haya ¿será lícito liquidar selectivamente a la población, digamos, por nivel económico, por procedencia, por edad, por raza, por ideología…? Por que si hay necesidades acuciantes para los poderosos, igual deja de estar vigente cualquier derecho. Es curioso, porque en este momento, apenas es el derecho a la vida lo único que nos queda, y si protestas pacíficamente en la calle tampoco te lo garantizan, así que…
Hoy han desalojado a l@s manifestantes en Plaça Catalunya bajo las excusas de limpiar y de que esta tarde hay un partido de fútbol que puede tener “peligro”. Si eso fuera cierto ¿no sería mejor prohibir el partido? Pues no, porque como es una excusa, lo mejor es decir eso y cargar contra la gente pacífica ¿quiénes son los peligrosos, pues? Y si se trata de limpiar, digo yo, ¿por qué no vamos nosotros a limpiar las instituciones, ya que ellos se niegan?
Que los corruptos y los violentos deben quedarse en la cárcel o en centros de tratamiento, lo tenemos claro, el problema es que estamos al borde de que ambas instituciones sean completamente privadas también, y ellos y sus colegas tengan a cargo la adjudicación de las contratas ¿Y quieren callarnos? ¿A palos? No saben ni por dónde se andan.

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